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Cuento de Navidad: Respuesta a una ofensa

Acababa de terminar la última hora de clase del año académico y el profesor se despedía de sus alumnos. A la mayoría de los alumnos les gustaba este profesor porque, aunque era estricto, también era justo, comprensivo y bondadoso. Al año siguiente los alumnos pasarían a otra clase en la que tendrían otros profesores.

Mientras el profesor guardaba sus materiales, un alumno se acercó desafiante y le dijo:

—Estoy contento de que haya acabado el año escolar porque ahora por fin puedo decirle lo que pienso de usted y ya no tendré que escuchar sus tonterías superfluas ni ver su aburrida cara.

El alumno esperó desafiante y combativo a la reacción furiosa del profesor. Pero este miró al alumno durante unos segundos con semblante tranquilo y le respondió con una pregunta.

—Si alguien te ofrece algo que no deseas, ¿lo aceptas?.

—¡Por supuesto que no! —respondió el alumno disgustado, que aún seguía esperando la reacción furiosa del profesor.

—Pues —añadió el profesor—, cuando alguien intenta ofenderme o decirme algo desagradable, está ofreciéndome algo. En tu caso, es una emoción de rabia. Pero yo puedo decidir no aceptarla. Si me siento ofendido o me enfado, estoy aceptando el regalo que me ofreces. Pero yo prefiero la serenidad y no aceptar tu regalo.

El alumno se quedó en silencio, ligeramente molesto.

—Mira —respondió el profesor respirando profundamente—, la vida siempre nos ofrece varias posibilidades. Puedes decidir estar amargado o feliz. Tu rencor pasará. Pero no intentes descargar tu rabia conmigo porque no me pertenece y no me interesa. Yo no puedo controlar lo que sucede en tu corazón. Pero aceptar o no tu regalo en mi corazón depende exclusivamente de mí.

Todos los días y en todo momento podemos elegir nuestras emociones y sentimientos. La vida nos ofrece la libertad de elegir en cada momento si estar amargados o felices. Una respuesta amable calma el enfado, mientras que una respuesta agresiva echa más leña al fuego. ¿Con qué frecuencia aceptamos las ofensas de otras personas por el simple hecho de responder con el mismo lenguaje? No olvides que eres tú el que decide aceptar la crítica destructiva, la burla o la ofensa respondiendo exactamente de la misma manera. En ese momento aceptas el regalo.

Mantén el control de tus emociones. No aceptes un regalo no deseado y no guardes el resentimiento hacia otra persona en tu corazón. Si dejas que tu corazón se llene de amargura, ya no habrá espacio para otras cosas. No podemos elegir si alguien decide molestarnos o no. Pero tenemos la libertad de elegir si aceptamos o no ese regalo.

El alumno recordó las palabras del profesor durante muchos años, mientras que la materia que estudió durante ese curso la olvidó rápidamente.

Fuente desconocida

Traducción: www.claudiafischer.com

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